San Francisco y el sultán

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martes, 6 de noviembre de 2018

Luz en los momentos más oscuros de la historia


En Przasnysz se encuentra el convento más antiguo de las Clarisas Capuchinas en Polonia. El origen de su fundación se remonta hasta el beato capuchino Honorato Kominsky, quién en momentos difíciles para la historia de Polonia y para la Iglesia, desde mediados del siglo XIX, encontró el modo de fundar desde el confesionario más de 20 Congregaciones religiosas, muchas de las cuales no llevaban hábito en aquel momento, para diversos servicios asistenciales. Los religiosos estaban perseguidos y prohibidos. Sólo quedaban 8 capuchinos en toda Polonia.
Una de sus fundaciones, las hermanas de San Felix de Cantalicio o felicianas, tenía también una rama contemplativa, que con la evolución del tiempo se transformó en el grupo que dió inicio a la presencia de las Clarisas Capuchinas.




La estructura del edificio es antigua, un monasterio edificado para las hermanas bernardinas pero que nunca fue ocupado por ellas, y quedó entonces para las capuchinas. De esta comunidad que fue creciendo salieron las otras cinco fundaciones de toda Polonia. A esta comunidad perteneció la beata capuchina Teresa Kowalska. 


La historia de la beata Teresa nos conecta con los momentos más oscuros y tristes de la vida de Polonia y de la humanidad. El 2 de abril de 1941 los nazis alemanes irrumpieron en el monasterio y arrestaron a todas las religiosas, llevándolas al campo de concentración de Dzialdawo. Entre ellas iba Sor Teresa. Todas las 36 hermanas fueron encerradas en un único local y sometidas a condiciones de vida humanamente indignas: ambiente sucio, hambre y terror. Las hermanas sufrían además sabiendo que en aquel mismo campo eran torturadas tantas personas, entre las cuales algunos obispos y sacerdotes. Después de un mes transcurrido en aquellas condiciones de vida las hermanas comenzaron a enfermar y la que más se resintió fue Sor Teresa sufriendo tuberculosis. Aquejada de hemorragias pulmonares, le faltó cualquier clase de socorro médico e, incluso, el agua para aplacar la sed y para las exigencias fundamentales de la higiene.  Pero todos los sufrimientos los soportó con gran valor y, mientras le fue posible, acompañó a las hermanas en los rezos, además de su oración personal. En medio de tan duras pruebas, consciente de que su muerte estaba cercana, decía: Yo no saldré ya de aquí, ofrezco mi vida por que las hermanas puedan retornar al convento. Murió en la noche del 25 de julio 1941.



Dependiente de este Monasterio, en la actualidad existe una fundación que aún espera para la definitiva autonomía, en Wykrot. Alli se encuentran 7 hermanas en un lugar silencioso y aislado en medio del campo cultivable y las vacas, pero donde acuden tantas personas especialmente el fin de semana para participar de la celebración dominical. 







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